México, pieza clave en el tablero mundialista.
- Administrador Artha Alesi

- hace 7 días
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Este 2026, México vuelve a levantar la mano frente al mundo. Del 11 de junio al 19 de julio, nuestra calidez, experiencia y capacidad operativa se pondrán a prueba en el escenario más grande del fútbol. Seremos sede de 13 partidos repartidos entre Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, tres ciudades que concentran conectividad aérea, infraestructura turística y una larga trayectoria como anfitriones de eventos internacionales.
México llega con una ventaja táctica clara: somos un país diseñado para recibir. La posibilidad de ingreso sin visa para más de 60 nacionalidades facilita el acceso de miles de aficionados internacionales y reduce fricciones desde el primer contacto.
A esto se suma una red de aeropuertos estratégicos, una oferta hotelera amplia y una operación turística que sabe responder en temporadas de alta demanda. Aquí, el acceso no es sólo logística: es experiencia.
Las ciudades sede no sólo albergarán partidos; se convertirán en polos de movimiento continuo. Hoteles, corredores turísticos, transporte urbano, centros históricos y zonas de entretenimiento operarán en sincronía para sostener una temporada que irá mucho más allá del estadio.
Y es en ese punto donde el Mundial deja de ser únicamente un evento deportivo para convertirse en un fenómeno económico de gran escala.

Una temporada que mueve economías
El Mundial 2026 no solo es un espectáculo deportivo; es uno de los eventos económicos más relevantes de la década para la región. Proyecciones internacionales estiman que la Copa del Mundo generará una derrama económica total superior a los 10 mil millones de dólares en Norteamérica, considerando turismo, servicios,infraestructura, consumo y empleos temporales. Para México, el impacto será especialmente significativo. Diversos análisis del sector turístico y económico prevén que el país podría captar entre 3 y 5 mil millones de dólares en derrama directa e indirecta, concentrada principalmente en servicios, hotelería, transporte, gastronomía, entretenimiento y comercio local. Estos sectores, en conjunto, representan uno de los pilares del PIB nacional, por lo que el efecto del Mundial se sentirá mucho más allá de los estadios.
Las 13 jornadas mundialistas en territorio mexicano impulsarán una llegada masiva de visitantes internacionales y nacionales. Se estima que cientos de miles de turistas viajarán específicamente para los partidos, mientras que millones más participarán en actividades paralelas, fan zones, eventos culturales y consumo urbano. En las ciudades sede, la ocupación hotelera podría rozar el 90 % y, en picos específicos, alcanzar el lleno total, algo poco común fuera de temporadas extraordinarias.

El impacto no se limita a las semanas del torneo. La visibilidad global del país, la exposición de sus ciudades y la experiencia positiva del visitante suelen traducirse en incrementos sostenidos del turismo posterior, nuevas inversiones y una mayor demanda de servicios en los años siguientes.
El Mundial, en ese sentido, funciona como un acelerador económico con efectos de mediano y largo plazo.
El verdadero valor está en el movimiento: ciudades activas, negocios llenos, servicios trabajando a máxima capacidad y una economía que late al ritmo del torneo. El Mundial no solo derrama dinero; derrama actividad, empleo, posicionamiento internacional y oportunidades.




