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Del almacén al corazón

  • Foto del escritor: Administrador Artha Alesi
    Administrador Artha Alesi
  • hace 3 horas
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: hace 2 horas

La logística detrás del 14 de febrero.

Por: LEM. Luz Salazar Vargas.

Cuando comencé mi camino profesional en retail, no imaginaba la cantidad de procesos que se activan desde que un producto se empaca hasta que se coloca en el anaquel. Mucho menos lo que ocurre detrás de cada temporada alta. Todo parece sencillo desde fuera: hay más productos, más compradores y más movimiento. Pero desde dentro, lo que

se vive es una operación, donde cualquier pequeño error puede escalar en segundos.

A simple vista, hablamos de chocolates, peluches, globos y perfumes. Pero lo que realmente está en juego es la coordinación perfecta entre manufactura, distribución,

etiquetado, inventario, visibilidad en canales digitales, reabasto en tiendas físicas y trazabilidad por unidad. Porque un cliente que busca un regalo el 13 de febrero no tiene

margen para esperar.












Temporada alta no se improvisa.


Durante años he visto cómo las operaciones fallan no por falta de esfuerzo, sino por falta de estructura. En San Valentín, los productos se comportan diferente: hay un pico de demanda explosivo, una urgencia emocional del consumidor y una sensibilidad especial a la disponibilidad. ¿Quién quiere un peluche con forma de corazón el 15 de febrero?.

Aquí es donde entra la logística.Un almacén bien preparado hace que todo llegue a tiempo, en buen estado y al lugar correcto. No se trata solo de tener producto, sino de tenerlo listo, etiquetado, ordenado y pensado según el tipo de tienda o canal al que va.
















No todos los puntos de venta funcionan igual, y eso cambia cómo debe organizarse el almacén. Por ejemplo, en los supermercados se venden productos de uso diario, así que el movimiento es rápido y constante. En los clubes de precio, los productos se compran en

mayor volumen, así que el empaque y el control por cantidad son clave. Y en las tienditas o comercios locales, lo que más importa es tener lo que la gente busca en ese momento,

como regalos o productos por impulso. Cada uno necesita una estrategia distinta: qué se envía, cómo se empaca, cada cuánto se repone y cómo se controla.















El cliente nunca ve la bodega (pero sí su efecto).


Lo más curioso es que el cliente nunca ve el almacén, pero sí vive sus errores. Vive la falta de disponibilidad, la entrega incompleta, el pedido que se canceló, el regalo que no llegó. Por eso, en fechas como esta, el almacén tiene que estar más cerca que nunca del área comercial y del equipo de atención al cliente. No se trata solo de mover inventario, sino de mover expectativas. Y si hablamos de e-commerce, la exigencia sube. Aquí la trazabilidad no es una ventaja competitiva, es un requisito básico. Cada pedido debe estar vinculado a su inventario real, a su ruta logística y a su confirmación de entrega. Si tu almacén y tu tienda en línea no se comunican, lo más probable es que tu cliente termine viendo una disculpa en lugar de un regalo.
















El amor no se improvisa… y la logística tampoco.


Lo que he aprendido después de tantos años en retail y marketing es que no basta con vender bien. Hay que cumplir bien. Un gran esfuerzo comercial se desmorona si la operación no está lista para responder. Y eso solo se logra con tecnología, planeación y visión logística. El 14 de febrero nos recuerda, año con año, que el detalle sí importa. Y que detrás de cada experiencia de compra memorable, hubo una operación logística que funcionó con precisión. Porque el amor puede ser espontáneo… pero la logística, no.

 
 
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