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Enero en el almacén: Ordenar para avanzar.

  • Foto del escritor: Administrador Artha Alesi
    Administrador Artha Alesi
  • hace 7 días
  • 3 Min. de lectura

Estrategia, orden y cambio.


Enero no se siente ligero en un almacén. Se siente necesario.

Después de diciembre —con picos de venta, agotados, devoluciones y decisiones tomadas a toda velocidad— llega el momento en el que la operación por fin puede bajar el ritmo lo suficiente para mirar con claridad. No para detenerse, sino para recuperar el control.

El cierre del año deja huella. Y enero es el mes en el que el almacén enfrenta esa realidad sin filtros.


Trabajadores de almacén analizando el almacén.



Cuando los pasillos hablan.


El almacén despierta distinto. Ubicaciones que cambiaron por urgencia, racks que ya no reflejan el layout original, stock que no cuadra a la primera y productos que quedaron fuera del flujo esperado.

No es desorden por descuido; es la consecuencia natural de haber operado al límite durante la temporada más demandante del año.

Aquí empieza el verdadero trabajo de enero: caminar entre racks, ver y validar, confirmar que lo que dice el sistema coincide con lo que realmente hay en cada ubicación.

Este recorrido inicial marca el tono del resto del mes. Porque cuando el almacén no se revisa a fondo después de la peak season, los errores no desaparecen: se esconden.


trabajadores de almacén organizando cajas.


Conteos, inventarios y decisiones que no se pueden postergar.


Una vez revisado, llegan los conteos. No los conteos “de rutina”, sino los que definen el año. Inventario físico por zonas críticas, validación contra sistema y análisis de diferencias.

Aquí aparecen los datos reales:

  • Faltantes que no se detectaron a tiempo.

  • Sobrantes que inflaron el inventario en sistema.

  • Mermas que necesitan clasificarse correctamente.

  • Devoluciones que regresan al flujo y deben procesarse rápido.


Enero es el mes para tomar decisiones y replantear el rumbo de producción y operación:

Definiendo qué se reabastece, qué se depura, qué se liquida, qué nuevos insumos se requieren para las nuevas líneas de producción y validar proveedores.

Cada definición impacta directamente la planeación del año completo.

Un inventario que no se corrige a inicio de año, se convierte en un problema recurrente durante todo el ciclo.



La tecnología como reflejo de la realidad.


Mientras se ajusta el inventario físico, la tecnología deja de ser solo una herramienta y se convierte en un espejo. Enero es el momento ideal para verificar si el sistema realmente representa lo que pasa en el pasillos del almacén. Los conteos cíclicos toman protagonismo, los ajustes se documentan y el WMS vuelve a ser la referencia central para validar existencias, ubicaciones y movimientos.

Aquí se hacen evidentes muchas verdades operativas: procesos que se improvisaron en diciembre, configuraciones que ya no responden a la operación real, equipos que quedaron cortos ante la carga de trabajo.

Corregir es clave. Lo que se deja pasar ahora, se arrastra como ruido operativo el resto del año. La tecnología no está solo para acelerar la operación, sino para darle estabilidad, trazabilidad y confianza a los datos.


Trabajador de almacén escaneando código de una caja.


Cuando el almacén se convierte en respaldo fiscal.


Llega el momento de prepararse para uno de los momentos más sensibles del inicio de año: el cierre fiscal. Y aquí el almacén deja de ser únicamente operación para convertirse en respaldo administrativo.

El inventario general es la base de la declaración anual. Cada diferencia tiene que explicarse, cada ajuste justificarse, cada dato sostenerse. No hay espacio para aproximaciones.Además, no todos los cierres se viven igual. Cambian según la industria, el tipo de producto y el modelo de operación.

Hay almacenes donde la merma tiene un impacto fiscal relevante; otros donde las devoluciones, los ajustes por caducidad o los productos obsoletos requieren un tratamiento específico.

Desde los pasillos del almacén se generan las respuestas que finanzas y contabilidad necesitan:

  • Qué quedó disponible.

  • Qué no es recuperable.

  • Qué ajustes se hicieron y por qué.

  • Cuando el inventario está bien trabajado, el cierre fiscal fluye.


Trabajadores de almacén con orden en almacén.

Ordenar para mejorar.


Porque en logística, el año no se improvisa. Se construye desde el almacén, con decisiones claras, datos confiables y ajustes hechos a tiempo. Enero no perdona la omisión: lo que no se corrige aquí, se paga durante todo el ciclo operativo.

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