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Febrero en el Almacén: Corregir para no repetir.

  • Foto del escritor: Administrador Artha Alesi
    Administrador Artha Alesi
  • hace 20 horas
  • 3 Min. de lectura

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Mejora continua y acciones correctivas que sí funcionan.


Febrero no trae el caos de diciembre ni la introspección intensa de enero. Febrero trae memoria. Es el mes en el que el almacén decide si lo que detectó al inicio del año se convierte en aprendizaje… o en un error que volverá a aparecer más adelante.

Si enero fue ordenar para avanzar, febrero es corregir para no repetir.


Cuando los errores dejan de ser accidentes.


Después de los conteos, ajustes y reorganización de enero, hay algo que empieza a hacerse evidente: algunos errores no ocurrieron una sola vez. Se repitieron. Cambiaron de turno, de operador o de pasillo, pero volvieron a aparecer. Y cuando algo se repite, ya no es un accidente. Es una señal. Febrero es el mes para observar esos patrones con calma.

Errores de surtido que regresan, diferencias constantes en ciertas ubicaciones, mermas que siempre aparecen en el mismo punto del proceso. No se trata de señalar personas, sino de entender procesos. Aquí comienza la mejora continua de verdad: cuando el almacén deja de reaccionar y empieza a preguntarse por qué.
















Acciones correctivas que nacen del piso.


La mejora continua no empieza con grandes proyectos ni con cambios radicales. Empieza con acciones correctivas bien pensadas, ejecutadas donde realmente ocurre la

operación. En febrero, muchas correcciones nacen del piso del almacén: una ubicación mal definida que genera confusión, un flujo que obliga a reprocesar, una validación que se salta por prisa, un sistema que permite errores en lugar de prevenirlos. Corregir no es ajustar números en el sistema. Es cambiar la forma en la que se trabaja. Redefinir un acomodo, ajustar un recorrido, reforzar una validación, obligar al proceso correcto desde la operación diaria. Las mejores acciones correctivas son las que casi no se notan… porque eliminan el problema desde la raíz.
















Documentar para que no vuelva a pasar.


Hay una diferencia clara entre corregir y mejorar: la documentación. Lo que se corrige pero no se documenta, tarde o temprano vuelve a fallar. Febrero es el mes ideal para formalizar lo que en enero se hizo de emergencia. Procedimientos claros, reglas visibles, responsables definidos y sistemas que respalden el proceso correcto. No se trata de llenar formatos. Se trata de dejar claro cómo se debe operar para que la mejora no dependa de la memoria o la experiencia de una sola persona.
















Medir si la corrección funcionó.


La mejora continua no se mide en grandes anuncios, se mide en estabilidad.

Menos ajustes de inventario.

Menos re procesos.

Menos diferencias en conteos.

Más confianza en lo que dice el sistema.

Febrero permite algo que enero no siempre deja:

comparar.

Ver si la acción correctiva funcionó o si necesita un

ajuste adicional. Aquí no hay soluciones perfectas a la

primera, hay mejoras progresivas.

La mejora continua no se siente espectacular.

Se siente tranquila.

Y esa tranquilidad es una señal de que la operación

está madurando.
















Preparar el terreno para el resto del año.


Cuando las correcciones empiezan a dar resultados, el almacén entra en otra etapa. Ya no está apagando fuegos ni corrigiendo urgencias; está preparándose para sostener el ritmo del año. Febrero es el puente entre ordenar y optimizar. Aquí se cierran brechas antes de que la operación vuelva a acelerarse. Porque todo lo que no se corrige ahora, reaparece en el siguiente pico… normalmente más caro y más complejo.
















Febrero es el mes donde el almacén demuestra si aprendió de enero. Aquí la mejora continua deja de ser discurso y se convierte en acciones pequeñas, constantes y bien ejecutadas. Porque en logística, mejorar no es cambiar todo.

Es corregir lo que ya sabes que no funciona…

y no volver a cometer el mismo error.

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